Cecilia E. Quintana Gutierrez

Del libro: "Desnudando el Alma"


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¿POR QUÉ LEO Y ESCRIBO POESÍA?

Lo primero que escribí fue muy triste:

Fue para liberar el dolor, la frustración, el miedo; fue para increpar a Dios y decirle por qué se sufre, por qué se llora, por qué se muere… ¡Te imaginas! ¿Quién soy yo para cuestionar a Dios? ¿Para exigir respuestas al ser más importante del universo? Osada y cobarde al mismo tiempo, porque todo lo que dije fue en silencio y lo guarde en un papel que se perdió en el tiempo, pero no en mi alma; mi alma lo guardó, permaneció ahí dormido y renació de nuevo.

Quizás también empecé a escribir porque No encontré con quien hablar sobre dudas e inquietudes propias de mi edad y aun que estaba rodeada de muchas personas, siempre mi alma estuvo sola; aunque mucho se hablaba, nunca se decía nada; aunque se gritaban, eran almas tan distantes que nunca se escuchaban.

Entonces me encontré en medio de mi soledad, cerrando mis oídos a los gritos, a los pleitos, a las conversaciones tontas y vacías; seguí acumulando dudas, inquietudes, temores, dolores, sentimientos confusos, interminables preguntas sin respuestas.

Y de repente sucedió un día en que alguien hablaba y yo lo entendía, alguien que sentía y yo lo sentía, alguien que no tenía miedo a mostrar sus emociones, temores, frustraciones, sueños. Muchas risas, muchas burlas ¡cursi!, ¡ridículo!… eso me decían, pero yo no lo creía; únicamente era poesía, palabras sentidas de alguien que ya no existía, pero me hablaba y yo escuchaba, sentía y yo sentía, vivía y yo vivía.

Fue entonces que me enamoré de la poesía y me volví adicta a esas palabras pensadas y sentidas; esas que cobran vida en mi vida, que despiertan mis sentidos, que permiten el latir de mi corazón, de dolor o de emoción, y me acercan a esas almas que dicen muertas, pero que están vivas; que nunca he visto mas sé como son, que no están conmigo, pero pueden acariciar mi corazón. Puede ser cursi es cierto, pero así soy yo

Asumo la idea de que la sociedad nos habla, el silencio se llena de murmullos, de canto, de agonía o grito estentóreo. El encuentro con nosotros mismos nace de la permanente búsqueda y exploración de la palabra en nuestro mundo interior y de las demás gentes.

Tengo la óptica de una perspectiva que va de “adentro” hacia “afuera”, de una expresión hasta cierto punto testimonial de quien cree haber padecido y gozado con los vaivenes, peripecias, y logros en un entorno familiar y amical.

Al salir estas paginas al encuentro de su destino, expreso el testimonio de mi gratitud a quienes me ofrecieron oportunas sugerencias, indesmayable aliento, valioso comentarios y cuidadosa revisión  de los originales; sin embargo, me someto a los juicios  y valoraciones de los lectores.

Cecilia E. Quintana Gutierrez

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